Todo es un juego.

Tocando una y otra vez, cada letra de la carta, añorando sus abrazos, sus besos. Pensando en, en todo lo que él decía, sin contar nada. Había temas sobre los que no habían hablado, trabajo, lugar de residencia, hasta ahora eran unos desconocidos, o por lo menos, ella no le conocía. Aisha parecía preocupada, pero desde luego, lo que no iba a hacer, era llamarle. Pasaría un tiempo sopesando los pros y contras de aquella relación. Pondría cada palabra de él, en una cuarentena, todo debería ser analizado, hasta que el decidiese hablar con ella.

Recogió sus cosas, las pocas pertenencias que había llevado hasta el hotel, y volvió a su casa. Sumida en un mar de dudas, pero con algunas cosas claras, no le llamaría, no caería en la tentación de ponerse en contacto con él. Pues deberían hablar largo y tendido. Aquella relación no era la que ella buscaba.

Durante un mes Jorge no había dado señales de vida. Después de los años, había sido muy valiente por su parte, tomarse así la vida. Sentada en la mesa de su oficina, charlando alegremente con algunas compañeras, sobre los planes que tenían para el fin de semana. En ese mismo instante, en el que las risas del grupo inundaban la oficina, entró un repartidor. El silencio se hizo, mientras todas miraban con cara de incredulidad hacia la recepcionista, que indicaba la mesa a la que debía dirigirse.

Si, si, se auto convenció que aquel repartidor no se estaba acercando a su mesa, que era una leve equivocación. Se encontró observando cómo aquel joven, se acercaba, su cara fue tornando de la sorpresa al enfado. De frente a ella, con un ramo enorme de flores, el chico preguntaba por ella. El codazo de una de las compañeras le sacó de su ensoñación. Aisha siento haber desaparecido, de veras que lo siento, no sabía cómo volver a acercarme a ti, te pido perdón.

Por lo que su mente comenzó a leer la nota. No salía de su asombro, como era capaz, había vuelto, pero esta vez no se acercaría a ella. Aisha no estaba dispuesta a que Jorge hiciera siempre lo mismo.

Dominación y sumisión

Un encuentro casi casual, dos días inolvidables, tres miradas cargadas de deseo, cuatro palabras perfectas, cinco paseos agarrados de la mano, seis besos robados, siete caricias, ocho momentos sexuales, nueve orgasmos, diez minutos de sueño y se acabó. Él volvería a marcharse con una nota, como lo hacía todo. Incluso en aquel momento, con las flores de la mano, y otra nota. Era de una naturaleza indescifrable. En varias ocasiones ella había tratado de sacar la conversación.

Aunque en conversaciones banales, indicó como le gustaban las cosas, con lo que sufría, lo que odiaba del otro. Y, aun así, parecía que Jorge no comprendía nada. Después de un día duro de trabajo, con la mente abstraída durante todo el día. En varias ocasiones llamaron su atención. Se había quedado pensativa durante la reunión de la mañana. Ya era hora de salir, y todavía no tenía claro que hacer. Cogió el ramo de su mesa, lo miró y su boca se torció, era como una media sonrisa.

Cuando salió del trabajo miró a su alrededor, nada resultaba extraño. Llegó hasta su casa, paranoica pensando que él vigilaba. Iba en el coche, recordando todos y cada uno de los temas y reproches que debía hacerle. Cuando llegó a la puerta del hotel, no era capaz de salir del vehículo.

Se había quedado bloqueada, su cuerpo no respondía. Solo pudo gesticular, abrir la puerta y entregar las llaves al aparcacoches. Camino con paso seguro, visto desde fuera. Pues los nervios le hacían tambalearse por dentro, había pasado tan solo un mes. Se apoyó en el mostrador de recepción, y antes de que saliera el recepcionista, unos brazos fuertes, y seguros, tomaban su cintura, un calor estremeció su cuerpo, un olor al perfume de Jorge, se abría paso por sus fosas nasales.

Antes de que pudiera darse cuenta, la giró sobre sus tacones, y ella estaba respondiendo al primer beso robado, de ese fin de semana. Sin poder evitarlo, su cuerpo se estaba entregando sin dudarlo, necesitaba de sus caricias, de sus besos, de su fuerza, de todo él. Sin saber cómo, se encontraba dentro del ascensor. Como si se tratase de un par de desesperados, el beso robado del vestíbulo, pasó a un manoseo desmesurado.

El ascensor se paró en su planta. Se apresuró a abrir la puerta de la habitación. Un golpe seco resonó en toda la habitación, un gemido de dolor contenido salió de los sus labios. Jorge había conseguido como por arte de magia, arrastrarla y tirarla sobre la cama. Por un momento, trató de apartarlo, pero estaba encima, sus manos aprisionaban sus muñecas. Eso no era, a lo que había ido, pero, aun así, él tenía esa virtud, por llamarlo de alguna manera.

Después de varias horas, de buen sexo, esta vez sin, haber entrado en sesión. No estaban en sesión, y no podría obligarla a hablar. Pero no quería mostrar sus sentimientos, y mucho menos a él. No había sido sincero con ella, ocultaba muchas cosas. Aquellas muestras de sentimientos, dentro de su intimidad, no lo permitiría. Eran una pareja atípica. Por miedo a que todo aquello acabase tras una confesión.

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Se aventuró a decir, después de ver como él, no había dejado de mirar ni un solo momento. Se había puesto algo inquieto, se veía con total claridad, se había incorporado, buscando una respuesta. Una mezcla entre la decepción, los nervios, la liberación de explicar con palabras lo que sentía después de un tiempo, después de tanto tiempo. Llevaban mas de un año con aquel juego. Y de pronto vio, como jugar con fuego, producía quemaduras. Comenzó a reírse airadamente. Jorge miró hacia la cama, su cara era un poema. De veras, yo no buscaba una relación, creo, que quedo claro.

Nada de sentimientos. Esto no puede seguir. No pudo decir nada, Jorge espero paciente alguna suplica por su parte. Pero ninguna se produjo, cogió su maleta y salió por la puerta. Caminaba apesadumbrado por el pasillo, tocó suavemente el botón del ascensor, guardo la furia y la ira.

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Llegó a la recepción, entregó su llave e indicó que la señorita pasaría la noche, o eso se pensaba él. Se tumbó sobre la cama, y meditó. Era lo mejor, después de un año, haciendo el tonto, era hora de pasar a otro punto. Se levantó y fue al baño, se pegó una ducha, pues pensó en irse cuando se levantó de la cama, pero olía a él. Se iría limpia y refrescada a su casa, oliendo a su perfume, no al sexo desenfrenado que habían tenido. Pues era el peor recuerdo que podía llevarse.

Jorge se quedó mirando a su alrededor antes de salir, era cobarde, por marcharse, pero no podía hacer otra cosa, él no era de poesía, de cenas a la luz de las velas, de bombones o flores. Era de utilizar la vela para dar placer, de comer la cena sobre el cuerpo de Aisha, de dar los bombones para comer. Y rozar o castigar usando como utensilio las flores. Después de varias semanas, Aisha había vuelto a su vida. La rutina la consumía. Como cada día salió tarde del gimnasio, cuando llegó al portal una vecina, le aviso de tener el buzón lleno de correspondencia.

Aquellas semanas, evitó a toda costa abrirlo, por no encontrarse con algo que no quisiera ver.

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Asintió con la cabeza a la vecina, y se limitó a sacar la correspondencia. Una vez en casa, fue haciendo montones. Y allí sobre su mano quedo una. Si, era de él. Observó por un tiempo el sobre, meditó si tirarla directamente a la basura. No tenía fuerzas para enfrentarse a la carta, la dejó sobre la mesa grande del salón.

Hacia tan solo cuatro días que había mandado la carta, no obtuvo respuesta por parte de Aisha. Recordaba cada palabra, los sentimientos que le embargaban el corazón. Jorge no para de pensar en las palabras de Aisha. No sabía cómo comenzar aquella carta: Oh mi pequeña y linda rebelde, espontanea como la vida misma.

Hay algo en ti, que me vuelve loco, tanto que desajustas mi vida. Una de la que no tuviera nada que aprender. Realmente Aisha, no es que te tenga que amar, ni mucho menos, es que tu rebeldía, tu espontaneidad, saca ese pequeño corazón. Durante tantos años ha permanecido cerrado, tanto que había olvidado que lo tenía.

Sabes que esta relación que comenzamos hace aproximadamente un año, comenzó tras una noche loca.

¿Quién dijo que los caramelos eran dulces?

Aquella noche Aisha, aquella fiesta de aquel grupo. Aquel día, todos querían saber quién eras, quien se escondía tras aquel Nick. Lo de mi Amo, me excitó, aunque no lo hiciste con aquella intención, sino con la de cortar el hielo y forzar una conversación cara a cara.

Aquella noche solo pude arrastrarte hasta mí. Yo no buscaba una sumisa, y te conocí, conocí tu fondo, tu historia, tu vida. Estaba claro, eras la elegida, lo supe. Y aun todavía no lo entiendes. No soy hombre de palabras dulces, tal vez, si de actos caballerosos, pero no los confundas. Que me comporte, como una persona normal, no significa ni mucho menos, que mi vida sea normal.

Después de varias semanas, la carta seguía sobre la mesa grande del salón, donde poco a poco Aisha, iba acumulando papeles, y documentación del trabajo. Sus dudas comenzaron a atenazarle el corazón. Rasgó la parte de arriba, desdobló el folio y comenzó su lectura. Aquella relación no permitía sentimientos, y ella no supo separarlos. Aun así, él no había sabido estar, a la altura de la situación.

Daba igual, ella no estaba dispuesta a volver a sus brazos, no después de aquello.


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Él debía haber intentado, quedarse, haber hablado. Al terminar la carta, pensó en contestarle, pero de que serviría. Simplemente poner un punto y final a esa relación. Aunque ya estaba todo dicho. Pasaron los días, y un viernes al salir del trabajo, Aisha lo volvió a encontrar con aquel aire desenfadado que mostraba apoyado en su coche, con un ramo de flores en la mano. Intentó por todos los medios, pasar de él. Pero que poco corazón tendría, debía dejarlo disculparse o excusarse.

Al final Aisha desistió, su enfado no debería durar. Sí él, lo tenia muy claro, no es un hombre dulce, de corazones, de flores. Él, es él. Aceptó su invitación. Durante la comida, hablaron de cosas triviales. Él fue desvelando algunos temas, como trabajo, o lo mucho que viajaba, aunque eso ella, ya lo sabía.

No imaginaba que viajase tanto, que estuviera entre varias ciudades viviendo, y ni si quiera que su trabajo fuera su vida. El miedo de pronto, se apoderó de ella, aunque aquello fuera un arrepentimiento real, y quisiera avanzar, aunque fuera un ligero paso, ella no tendría cabida en aquella vida, su vida. Y de pronto salió de su ensoñación:. Por eso estoy aquí, quiero que te vengas conmigo a vivir. Después de una larga conversación, plantearon los términos de la nueva relación.

Ella pasaría sus vacaciones de invierno junto a él, tan solo diez días de convivencia para comenzar a probar. Al final estaba dando su brazo a torcer, pensó. Y él tan si quiera saldría de su zona de confort, era algo surrealista, pero por intentarlo no perdía nada. Su situación con Aisha, había evolucionado hacia donde él se esperaba.

Su arrepentimiento por perderla era sincero, aunque escondía todavía sus verdaderos motivos. Habían hablado de trabajo, desveló algo durante la comida, que ella no pudo asimilar, estaba demasiado pensativa. Pero él, lo había hecho entrever. Necesitaba una mujer a su lado, para seguir ascendiendo dentro de su entorno, no solo laboral, sino personal. Eso sí, no era algo emocional. Y ella lo había confundido. Tres meses después, Aisha cogió sus vacaciones de invierno, hizo un gran esfuerzo y embaló parte de su vida.

Pues en aquellos diez días, pensaba dejar algunas cosas en su nuevo apartamento. Ya había solicitado el traslado, y en la empresa estaban valorando la situación. Los pocos fines de semana juntos, habían sido maravillosos, casi como sus encuentros. Ella se adaptaba perfectamente a la nueva ciudad, era tan grande como donde residía en la actualidad. Había conocido algunos amigos de Jorge, algunos familiares, aunque no eran los directos. Aunque todo había sido maravilloso, durante aquellas vacaciones Jorge planteó nuevos términos en la relación.

Nuevamente establecía, una nueva relación de dominación, ella volvería a disfrutar de los juegos, o eso pensaba. Sin embargo, todo cambiaría mucho, tanto que se percataba que la nueva relación no se establecería tanto en juegos, sino en una convivencia de Dominante y sumisa. Viviría con él, estaría a su disposición, todo su tiempo de ocio. Volvió a su mesa, miró el reloj, era buena hora para llamarlo: Me han concedido el traslado. Había muchas cosas que Aisha, estaba dejando en el tintero. Pequeños matices, en los que no se paró a pensar, y él lo sabía, tenía miedo que descubriera todo demasiado pronto.

Por un momento las dudas le consumieron, pero pronto el ansiado momento estaba a punto de llegar. Y sentado en el escritorio de su despacho tomó un papel, y comenzó a escribir. Su pasado le atormentaba, haber sufrido aquel abandono, le hacía ser el hombre duro, y a veces cruel. Ese, que solo mostraba su lado salvaje, basado en la sexualidad. Aisha tu viniste a mi mundo a trastocarlo, a volver patas arriba mi vida.

No entiendo lo que me pasa, bueno sí. En un principio comenzamos como un juego por Internet, aquellas conversaciones subidas de tono. Aquellas ganas de poder enseñarte mi mundo, sin verte. Mi sumisa rebelde, era esa rebeldía, esas ganas de ser sumisa, sin saber lo que implica. Ese conocimiento previo que tenías, y ponías en juego cada vez que nos veíamos. Recuerdo nuestra primera sesión, como te arrodillaste sobre la cama con tus palmas mirando al techo, aquella vez sentí pura excitación, y supe que serías mía.

Aisha apareciste en el peor momento de mi vida, iluminaste de nuevo mi camino, estas consiguiendo que me abra a ti. Tu solo conoces esas partes que otros no ven, esas que escondo al mundo, no habló de mis gustos o preferencias, no Aisha, hablo de mis sentimientos como hombre, hablo de lo que siento cuando se comienza de nuevo amar. Cree una coraza alrededor de mi mundo, que consigues resquebrajar con tus miradas, con tus caricias, con tus besos, en definitiva, con tu tiempo.

Amar y sentirse amado no entra dentro de mi cabeza, no después de tanto dolor, no después de tanta decepción. Si no un vínculo creado desde el afecto y cariño, desde el amor en su estado puro. Un mes después el traslado de Aisha se hizo efectivo. Jorge le ayudó a mudarse, a adaptarse durante los primeros días. Disfrutaron de su primer fin de semana juntos. Pasó dos semanas sola, en su nueva ciudad, se adaptó a su nuevo puesto de trabajo. Un gran cambio, se aventuraban buenos tiempos, o eso se creía.

Por fin llegó el viernes, y con él, una gran sorpresa. Cuando abría la puerta del apartamento cargada con las bolsas de la compra, pues paró en un restaurante, y en la tienda de alimentación. Lo primero que encontró tras abrir la puerta, fue la chaqueta de Jorge apoyada sobre la barandilla que subía a la parte de arriba.

Fue hasta la cocina, caminó lentamente hasta el salón, deshaciéndose de los zapatos de tacón. Cogió el teléfono de la mesita, y llamó.

Dominación y sumisión - Wikipedia, la enciclopedia libre

Tampoco obtuvo ninguna respuesta. Volvió hasta la cocina y se calentó la comida, se sentó en un taburete de la barra americana, y comenzó a comer. No cesaba de mirar a su alrededor. Recogió la cocina, y se encamino a subir las escaleras. Llegó al dormitorio y se desnudó, calmada y tranquila, se dio una ducha, y se puso cómoda. Cuando bajó al salón, allí estaba él, de pie, sirviendo sobre la camarera de cristal un par de copas de whisky, había otros dos hombres con él.

Tosió con fuerza, y los tres hombres se giraron. Ni si quiera vas a darme un beso, solo arrastrarme fuera de… —un beso, calló la boca de Aisha, quien se deshizo de él— Jorge me quieres explicar —no había terminado cuando comenzó a decir. Disculparme, me tengo que marchar, he dejado algunas cosas pendientes en la oficina—. Subió al vestidor, se enfundó unos vaqueros, una camisa y unas botas de tacón. Bajó los escalones a toda prisa, y salió sin despedirse.

Caminó sin rumbo, iba muy enfadada, no comprendía aquella actitud, solo se había limitado a dar órdenes, o haces esto, o esto. Por lo menos, se desquitó entrando en un par de tiendas y comprando algunas cosas, pues había cogido esa tarjeta que él le había dado hacia dos semanas, por si necesitaba cualquier cosa.

Esa era su venganza. Después de varias horas volvió. Aunque, cuando entró por el apartamento un silencio sepulcral, dejó paso al eco del cierre de la puerta. Jorge se había marchado de nuevo, esta vez una carta sobre la mesita del salón, daba una explicación. Aisha, sé que no ha sido justo, pero todavía no estas preparada para saberlo todo. Un adiestramiento que te ayude a soportar todo aquello que vas a tener que vivir.

Esos son personas normales, con las que me relaciono, de vez en cuando, con las que asisto a eventos de la empresa y otro tipo de eventos sociales. Los dos hombres que estaban conmigo son amigos de toda la vida, de mi vida oscura.


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Era de tono oscuro, y los zapatos de medio tacón, situados al lado. Se vistió y esperó pacientemente. Sobre las nueve de la noche, Jorge hacia aparición, su semblante era serio. Aquella era la mejor forma de mostrar lo que quería de ella. Habían quedado a cenar en casa de uno, de aquellos dos hombres. Todavía tenía muchas cosas que descubrir de su nueva vida, mejor dicho, de la vida que envolvía a Jorge. Lo vio caminar hasta la puerta, no había dicho ni una sola palabra, ni un halago, nada, estaba distante frío. Era otra persona.

Comenzó a explicarle con detalles pormenorizados, donde iban, que esperaba de ella, y que necesitaba que hiciera. Aquella no iba a ser una velada realmente agradable, y mucho menos para ella, pensó Jorge. Quien, con todo lujo de detalles, explicó y explicó, lo que se esperaba de ella. Parecía mas tranquila, pero toda aquella información, hacia que su cabeza no parase de dar vueltas.

Cuando entraron por la puerta, una chica alta, esbelta, de cabello rubio, les indicaba a donde dirigirse. Llegaron a un gran salón, donde multitud de gente permanecía arremolinada al final del mismo, donde estaba situada una mesa larga con bebidas. Después de aproximadamente una hora, les hicieron pasar a otro salón. Jorge no se había separado de ella, durante la recepción, había sido presentada a multitud de hombres de las altas esferas, grandes empresarios, y políticos.

Algunos de ellos después de una gran cena copiosa, comenzarón a marcharse. Pasada la media noche, Jorge cogió de la mano a Aisha, y se la llevó por un largo pasillo. Mentiría si dijera que no estoy emocionada e intrigada. El tono con el que se dirigió a ella, le asustó un poco, justo lo suficiente como para pararse a mirar a su alrededor. Una sala casi tan grande como la primera, donde habían esperado pacientemente a la cena.

Pero muy distinta, aquella sala estaba en penumbra, luces tenues que iban alrededor del techo, escondidas en unas molduras de escayola, con filigranas antiguas. La dominación y la sumisión, así como el conflicto interno y la rendición inherentes a ellos, son cuestiones duraderas de la cultura humana y la civilización. Las relaciones sexuales llegan a incluir la exploración mutua de roles, de las emociones y de actividades, exploración que resulta imposible o muy difícil si no se cuenta con otra persona que desempeñe el rol opuesto. Es un intercambio de poder por consenso que se realiza en una pareja que no necesariamente debe involucrar brutalidad como por ejemplo, castigo corporal o crueldad abuso verbal o emocional.

Se basa fundamentalmente en la confianza y la comunicación entre dos personas. También se basa en una ética profunda de respeto mutuo en la que la exploración de las emociones provocadas por un intercambio de poder ocurre de una manera segura, sana y consensuada. Se es Amo para ordenar, se es Amo para castigar… pero también se es Amo para cuidar y proteger. No sólo se es esclavo para servir u obedecer. Deben ser formuladas en base a las circunstancias, lugares, e incluso instrumentos que se tengan a la mano o que en su defecto, se puedan adquirir a corto plazo.

Tampoco vender o traficar con él, y menos sin su consentimiento. Hoy en día, todos somos iguales, y como tales nos hemos de tratar. Él es un Amo porque te tiene a ti. Si la relación es a largo plazo es inevitable que surjan sus defectos, y esto no lo vuelve un mal Amo. No se puede esperar que el Amo lo pueda todo, o por lo contrario, que el esclavo sea infalible. Los dos van flaquear y caerse miles de veces, pero cuando esto ocurra, en vez de abrigar resentimientos o aplicar castigos, hay que dialogar y observar en qué se falló. Lo que el esclavo no logre hoy tal vez lo haga mañana.

Es un ser humano que obedece haciendo uso de todas sus facultades mentales, y cuya servidumbre debe nacerle de adentro. Es parte de la naturaleza humana desarrollar lazos emocionales con las personas con las que compartimos tantos malos como buenos momentos.


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No es nada de lo que temer ni rechazar. Me gusta Me gusta. Hola Elvira. Nosotras, las autoras del artículo, no es que seamos expertas del tema pero algo sabemos y lo que nos llega a generar dudas lo remitimos a nuestro mentor, ElFaro aquí link a su blog: Espero que cualquier pregunta que tengas te pueda ser respondida y te deseo buena suerte en tu investigación.

Hola Elvira! Es efectivamente un artículo muy bueno y realista. Te lo cuento porque hace mas de dos años que llegué a esta manera de vivir la sexualidad y las relaciones. Yo soy Dominante y tengo una sumisa-esclava, doy fe de lo adecuado del artículo. Si tienes dudas, con gusto te ayudaré. Es algo que puede traer muchas cosas buenas a tu vida.